El legado de Obama y la bomba Iraní / Alan M. Dershowitz vía Guysen


Neville Chamberlain fue recordado por apaciguar a Alemania, no por sus programas sociales progresistas. La amenaza más grave que enfrenta el mundo hoy es un Irán con armas nucleares. De todas las naciones capaces de producir armas nucleares, Irán es el único que podría utilizarlas para atacar a un enemigo. Hay varias formas en las que Irán podría utilizar armas nucleares. La primera es lanzar una bomba atómica sobre Israel, tal como sus dirigentes han amenazado en repetidas ocasiones en hacer.

Hashemi Rafsanjani, un ex presidente de Irán, en 2004 se jactó de que un ataque iraní mataría a tantos como cinco millones de judíos. El Sr. Rafsanjani estimó que incluso si Israel respondiera con sus propias bombas nucleares, Irán probablemente perdería alrededor de 15 millones de personas, lo cual él dijo que sería un pequeño “sacrificio” de los [más de] mil millones de musulmanes en el mundo.

La segunda manera en que Irán podría utilizar armas nucleares sería dárselas a sus sustitutos, Hezbollah o Hamas. Una tercera vía sería que un grupo de terroristas, como Al Qaeda, pusiera sus manos sobre el material nuclear de Irán. Podría hacerlo con el consentimiento de Irán o al trabajar con elementos renegados dentro del régimen iraní.

Por último, Irán podría usar sus armas nucleares sin tener que detonar una bomba. Con la constante amenaza a Israel con la aniquilación nuclear, podría generar tanto miedo entre los israelíes como para incitar a la emigración masiva, la fuga de cerebros, o a una disminución significativa de personas que se trasladan a Israel.

Estas son las formas específicas con que Irán podría utilizar armas nucleares, principalmente contra el Estado judío. Pero hay otras formas en las que un Irán con armas nucleares pondría en peligro al mundo. En primer lugar, podría causar una carrera armamentística en la que todas las naciones del Oriente Medio procurarían obtener armas nucleares.

En segundo lugar, es casi seguro que provocaría a Israel a lanzar sea un ataque preventivo o uno de represalia, y así inflamar a toda la región o incitar a nuevos ataques contra Israel por parte de Hezbollah y Hamas.

En tercer lugar, proporcionaría a Irán un paraguas nuclear en virtud del cual podría acelerar sus esfuerzos en pos de la hegemonía regional. Si Irak hubiera operado bajo un paraguas nuclear cuando invadió Kuwait en 1990, las fuerzas de Saddam Hussein todavía estarían en Kuwait.

En cuarto lugar, alentaría a los elementos más radicales en el Medio Oriente a continuar su guerra de palabras y de acciones contra los Estados Unidos y sus aliados.

Y, por último, inevitablemente desencadenaría la ley de consecuencias no deseadas: en pocas palabras, nadie sabe el alcance de los daños que un Irán armado nuclearmente podría producir.

En estos sentidos, permitir que Irán obtenga armas nucleares es de algún modo análogo a la decisión de los vencedores de la Primera Guerra Mundial en permitir a la Alemania nazi que se rearmarse durante la década de 1930. Incluso los nazis estaban sorprendidos por esta complacencia. Joseph Goebbels esperaba que los franceses y los británicos impidiesen que los nazis reconstruyeran la maquinaria de guerra alemana.

En 1940, Goebbels le dijo a un grupo de periodistas alemanes que si él hubiera sido el primer ministro francés cuando Hitler llegó al poder, habría dicho: “El nuevo canciller del Reich es el hombre que escribió Mein Kampf, que dice esto y aquello. Este hombre no puede ser tolerado en nuestra vecindad. ¡O bien desaparece o marcharemos!”.

Sin embargo, Goebbels continuó, “no lo hicieron. Ellos nos dejaron solos y permitieron que nos deslizáramos a través de la zona de riesgo, y fuimos capaces de navegar por todos los arrecifes peligrosos. Y cuando terminamos, y estábamos bien armados, mejor que ellos, ¡entonces comenzaron la guerra!”.

La mayoría de la gente hoy no es consciente de que el primer ministro británico Neville Chamberlain ayudó a restaurar la estabilidad financiera de Gran Bretaña durante la Gran Depresión y que adoptó legislación para ampliar las prestaciones de desempleo, pagar pensiones a los trabajadores jubilados y ayudar a los más afectados por la economía en desaceleración. Pero la historia recuerda su fracaso para hacer frente a Hitler. Ése es el legado perdurable de Chamberlain.

También será la construcción por parte de Irán de armas nucleares, si consigue hacerlo en los próximos años, el legado perdurable del presidente Barack Obama. Independientemente de su logro de la reforma sanitaria e independientemente de si se restaura el empleo y ayuda a recuperar la economía, el Sr. Obama será recordado por permitir que Irán haya obtenido armas nucleares. La historia no tratará amablemente a cualquier líder que permita la acumulación de tanto poder en manos de la primera nación-suicida del mundo; una nación cuyos dirigentes no sólo han expresado, sino, durante la guerra Irán-Irak, demostrado su disposición a sacrificar a millones de su propia gente en aras de una misión de destrucción apocalíptica.

Si Irán se convirtiera en una potencia nuclear, habría un montón de culpas que repartir. Un informe de Inteligencia Nacional, publicado bajo el mandato del presidente George W. Bush, distorsionó la verdad por medio de la sugerencia de que Irán había puesto fin a su búsqueda de armas nucleares. También retuvo el hecho de que la inteligencia de EE.UU. había descubierto una instalación nuclear cerca de Qom, Irán, que sólo podía utilizarse para la producción de armas nucleares. Chamberlain, también, no era totalmente culpable de los triunfos iniciales de Hitler. El se convirtió en primer ministro después de que sus predecesores le permitieron a Alemania rearmarse. No obstante, es Chamberlain quien ha llegado a simbolizar la falta de prevención del ascenso de Hitler. También simbolizará el señor Obama el fracaso de Occidente si Irán adquiriera armas nucleares en su tiempo.

la primera nación-suicida del mundo

 

Por Alan M. Dershowitz (The Wall Street Journal) en Guysen International News
Miércoles 31 marzo 2010 – 08:50

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