Sobre Ética e Hipocresía


Sobre ética e hipocresía

Israel prohibió que los palestinos de Cisjordania y Gaza vean las transmisiones televisadas de los partidos del Mundial. Veinte jóvenes fueron sorprendidos por soldados de Tzáhal en Gaza cuando miraban clandestinamente un encuentro. Como consecuencia del desacato, dos espectadores fueron ejecutados en el acto y el resto llevados a prisión. Las reacciones de la comunidad internacional no se hicieron esperar. En todo el mundo se organizaron enormes manifestaciones condenando el sangriento crimen. La ONU resolvió por unanimidad expulsar a Israel de la organización. Interpol anunció que detendrá a los responsables y el Tribunal Internacional de La Haya se prepara para juzgarlos y condenarlos.

Lo escrito hasta ahora podría ser excelente material para una obra de ciencia ficción si no fuera porque constituye una trágica aberración real que golpea a millones de seres humanos; pero no en Israel, sino en Somalia, país musulmán, miembro de la Liga Árabe.

Esta semana, el movimiento islamista Al-Shabaab y el partido Hizbul Islam, dominantes en amplias regiones de Somalia, prohibieron de manera enérgica que los habitantes vieran el Mundial argumentando que se trata de una práctica anti islámica. Cerca de la capital, Mogadiscio, un grupo fue sorprendido presenciando un partido en secreto; dos hombres fueron inmediatamente fusilados y el resto detenidos.

Pero eso no es todo. El gobierno volvió a anunciar las disposiciones para los hombres: dejarse crecer la barba, cortarse los bigotes y reglamentaciones acerca del largo de los pantalones; eso además de la obligación del burka para las mujeres y la prohibición total a las estaciones de radio y televisión de transmitir música, entre otros decretos.

A pesar de la gravedad de los hechos, es muy difícil encontrar información en los medios condenándolos; nadie asedia las embajadas de Somalia en señal de protesta ni quema sus banderas; Naciones Unidas, organizaciones de derechos humanos y múltiples ONG’s que luchan contra la opresión, la marginación y la violación de las libertades, no tienen tiempo para ocuparse de ello; flotillas turcas no llegarán a Mogadiscio; Premios Nobel de la Paz no visitarán el país; activistas con ayuda humanitaria no se acercarán a sus costas; el G-8 y el G-20 seguirán sin tomarla en cuenta; Somalia no será expulsada de la ONU ni de la Liga Árabe; Ahmadinejad no amenazará con borrarla del mapa.

¡Pobre Somalia!

No la habitan judíos y no vende titulares en los periódicos ni ratings televisivos.

*Editorial de la Edición Nº 123 de “Semana”, Israel

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