Editorial: El discurso de Obama ¿Fue una sorpresa para el liderazgo Palestino?


Barack Obama Sep-2011 ONU

Las expresiones en los rostros atónitos  de los delegados palestinos “al escuchar al Presidente Obama que rechaza rotundamente su lucha por la consagración de Estadidad en las Naciones Unidas en el seno de las naciones unidas fue una prueba de cuan inapropiado era haberse creído su propia propaganda.” Después de años de desequilibrio, en todo este tiempo se suman las innumerables faltas de Israel en sus relaciones con los palestinos que se ha convertido en algo tangible en los medios de comunicación de Occidente, en sus campus, y para sus élites políticas. Los palestinos realmente creían que habían abierto una brecha entre Israel y sus aliados estadounidenses.

Obama, además, es un presidente estadounidense que ha ido más allá de sus predecesores en la defensa de los derechos palestinos y sus aspiraciones, que son abiertamente antagónicos al liderazgo de Israel, y que con frecuencia ha declarado su objetivo de lograr por una vía rápida un Estado palestino. Sin embargo, cuando las tarjetas se redujeron, el presidente Obama demolió años de auto-engaño de los palestinos, cuando fue absolutamente negada su petición de reconocimiento, y añadió que “para los palestinos, los esfuerzos para deslegitimar a Israel terminaran en un fracaso.” El discurso de Obama ha demostrado el apoyo a las necesidades de Israel, al afirmar que el pueblo Judío merece el reconocimiento de sus vecinos en su patria ancestral. Descartando la apuesta palestina en las naciones unidas, agregando: “La paz no vendrá a través de declaraciones y resoluciones en la ONU, si fuera tan fácil esto ya hubiese ocurrido hace tiempo”. En tanto, el presidente Obama le recordó a los líderes palestinos una serie de hechos básicos que el liderazgo palestino parece haber olvidado. En primer lugar, hay que recordar que Obama tiene en cuenta las opiniones de los estadounidenses del “hombre de la calle”, y estas opiniones son todavía muy comprensivas con Israel. Con los años, los estadounidenses han llegado a una mejor comprensión de – y una empatía hacia – la situación de los palestinos, pero esto no se ha traducido en un menor apoyo a Israel. Sí, los estadounidenses sienten que los palestinos deben tener su propio estado, pero los estadounidenses no creen que deba producirse a expensas de Israel. Los lazos entre los Estados Unidos e Israel se han convertido en una relación única, compleja y profundamente arraigado en los últimos seis decenios. Las dos naciones comparten valores culturales e identidades históricas, por no hablar de la amplia cooperación militar y política.

Los estadounidenses en general han simpatizado con Israel más que con los palestinos inclusive en la actualidad, Israel sigue gozando de un gran apoyo en la sociedad estadounidense. Ellos pueden tener diferencias sobre ciertas cuestiones de política, incluida la cuestión de los asentamientos, pero estos no son en absoluto las diferencias de división. El presidente Obama sabe que no puede caminar directamente en contra de los deseos expresados ​​por su electorado. A pesar de todo el bombo sobre el “lobby israelí”, las encuestas de opinión nos dicen (y el Presidente) que el estadounidense promedio valora la relación con Israel y va de lado a ella. Por lo tanto, a pesar de que el presidente Obama tiene una posición pro-palestina, un presidente de Estados Unidos no puede hacer un movimiento en contra de los deseos de su pueblo y actuar en contra de Israel a menos que – y este es el gran “si” – a menos que esté seguro de que esa medida resultase en un acuerdo de paz que el público estadounidense aprobaría.

Esto significa que si el liderazgo palestino e israelí fueran a sentarse con él en Camp David, Obama no tendría ningún problema en inclinarse de forma agresiva contra Israel y exigir concesiones a los palestinos, siempre y cuando pudiese salir después con un acuerdo de paz que luego ondearía frente a los votantes de su país, diciéndoles que ha tenido que tomar medidas severas en contra de su amigo, pero que éstas lleven a un buen resultado. Sin embargo, en las Naciones Unidas, no se obtuvo ningún acuerdo para poder tomar dichas medidas – sólo se pudo ver la humillación cometida en la ONU contra Israel. Si Obama hubiese ido en contra de las inclinaciones a sus votantes “sin ningún tipo de material a favor de Israel, y de Palestina el resultado de esto es que habría pagado un alto precio político.” No menos importante es que hay que recordar los importantes cambios que han ocurrido en el Medio Oriente desde que Obama se mudó a la Casa Blanca. La primavera árabe, es un acontecimiento trascendental, también ha visto un derramamiento de la ira que siente la nación árabe a Israel, y esto ha consternado profundamente al Gobierno de Israel. En este caso, los estadounidenses comparten la preocupación de Israel con sus propios temores de la posible subida de un nuevo Irán. Ahora están más propensos a apoyar las preocupaciones de seguridad de Israel, que a inhibir estas demandas que Israel hace.

Y así llegamos a Nueva York, y vimos el asombro de los palestinos al oír la advertencia del presidente Obama en la asamblea de la ONU en contra de “atajos” para un Estado palestino… Parece, sin embargo, que en su pérdida de leer la realidad, también han olvidado otro hecho concreto: que para la Casa Blanca, su apuesta es vista como una traición y de un intento deliberado de insultar al presidente Obama. Generalmente hay un precio a pagar por tal comportamiento, especialmente en los días inestables de la Primavera Árabe, cuando los EE.UU. no pueden darse el lujo de parecer débil o tonta en el Medio Oriente. En cuanto a los EE.UU. se refiere, los palestinos aceptaron la solución de dos estados desde 1988. En los años posteriores, varios presidentes de Estados Unidos dieron su apoyo personal a las propuestas de paz para finalizar este acuerdo, y vieron de primera mano cómo los palestinos nunca regresaron con respuestas serias a estos movimientos. El ex primer ministro israelí, Ehud Olmert dice que ofreció al presidente palestino, Mahmoud Abbas, un retorno a las fronteras de 1967 y una “solución justa de la tierra, tomando en cuenta el aspecto demográfico”. En una entrevista el año pasado, Olmert dijo que Abbas nunca respondió. También dijo que encontró en Abbas un “un socio justo, el cual se opuso al terror”. Aun así Olmert se pregunto en aquel entonces”¿Qué pasó? Esa es la pregunta de todas las preguntas que me gustaría responder, si pudiera.”

La estrategia de evitar un acuerdo final hasta conseguir mejores condiciones es algo que evidentemente buscan los palestinos, pero al hacer esto hacen ver al presidente de Estados Unidos en ridículo o ingenuo. La medida de evitar negociaciones por completo e ir a la ONU, a los ojos de América, es nada menos que lo mismo a arrojar un zapato en la cara y una puñalada por la espalda al presidente en frente de todo el mundo. El Primer Ministro palestino, Salam Fayyad, vio el peligro y se opuso a la medida de la ONU debido a la posibilidad de represalias estadounidenses, que temía que podría conducir a la una reducción de la asistencia financiera socavando la emergente economía palestina, pero no fue escuchado. El liderazgo palestino ahora espera no aprender una lección dolorosa proveniente del presidente de Estados Unidos, y sufrir las consecuencias de insultar a la única superpotencia del mundo.

Editorial Hasbara en Español

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