ONU no debería reconocer una Palestina de Apartheid, Judenrein, Islámica

Por Alan M. Dershowitz

A las Naciones Unidas se le pide que conceda a los palestinos el estatus de un “estado”, al menos para algunos propósitos. Surge la pregunta ¿qué tipo de estado será? En un esfuerzo por atraer el apoyo de occidente, la Autoridad Palestina afirma que se convertirá en otro “estado democrático secular”. Hamas, que ganó las últimas elecciones parlamentarias, no está de acuerdo. Quiere que Palestina sea un estado musulmán regido por la ley Sharia.

Sabemos lo que el liderazgo palestino le está diciendo a Occidente. Ahora echemos un vistazo a lo que le está diciendo a su propio pueblo que, después de todo, será el que tome la decisión final, si Palestina fuera, realmente, una democracia.

El proyecto de constitución para el nuevo Estado de Palestina declara que “el Islam es la religión oficial de Palestina”. También establece que la ley Sharia será “la principal fuente de legislación”. Es irónico que, el mismo liderazgo palestino que apoya estos conceptos para Palestina, se niega a reconocer que Israel es el estado-nación del pueblo judío. Israel, en contraste con el propuesto estado palestino, no tiene una religión oficial del estado. Aunque es un estado judío, esa descripción no es religiosa, sino más bien de carácter nacional. Otorga iguales derechos al islam, al cristianismo y a otras religiones, así como también a ateos y agnósticos. De hecho, una muy alta proporción de los israelíes se describen a sí mismos como seculares.

El nuevo Estado palestino prohibiría a todos los judíos ser ciudadanos, ser propietarios de tierras o, incluso, vivir en el estado musulmán de Palestina. Al embajador de la OLP en Estados Unidos se le preguntó, durante una entrevista, “¿Cualquier judío que se encuentre dentro de las fronteras de Palestina tendrá que irse?” Su respuesta: “¡Absolutamente!” Después de muchas críticas, el embajador trató de dar vuelta su declaración, diciendo que se aplicaba sólo a los judíos “que estén dentro de la ocupación”. Sea lo que sea que signifique, una cosa está clara: gran número de judíos no serán bienvenido a permanecer en la Palestina islámica como ciudadanos iguales. En contraste, Israel cuenta con más de 1 millón de ciudadanos árabes, la mayoría de los cuales son musulmanes. Son iguales ante la ley, salvo que no tienen que servir en el ejército israelí.

La nueva Palestina tendrá la misma “ley de retorno”, a la cual exige que Israel renuncie. Todos los palestinos, no importa donde vivan e independientemente de si alguna vez pusieron un pie en Palestina, serán bienvenidos al nuevo estado, mientras que un judío cuya familia ha vivido en Hebron durante miles de años será excluido.

En resumen, el nuevo estado palestino será un genuino estado de apartheid. Practicará la discriminación religiosa y étnica, tendrá una religión oficial y basará sus leyes en los preceptos de una religión. ¡Imagínense cual será la situación de los gays bajo la ley Sharia!

El liderazgo palestino acusa a Israel de tener caminos que están limitados sólo para judíos. Esto es completamente falso: un pequeño número de caminos en la Margen Occidental están restringidos a los israelíes, pero están abiertos por igual a judíos, musulmanes y cristianos israelíes. Todo el estado de Palestina tendrá un cartel “no se permiten judíos”.

Es de destacar que las mismas personas que se quejan con más fuerza sobre la ley de retorno de Israel y de su carácter como estado-nación del pueblo judío, no dicen nada cuando se trata del nuevo estado palestino. ¿Es que esta gente espera más de los judíos de lo que esperan de los musulmanes? Si es así, ¿no es esa una forma de racismo?

¿Cómo serían las fronteras de un estado palestino, si los palestinos se salieran con la suya sin necesidad de negociar con Israel? Los palestinos obtendrían, como punto de partida, todas las tierras previamente ocupadas por Jordania, antes de la guerra de 1967, en la cual Jordania atacó a Israel. Este retorno al status quo que condujo a la Guerra de los 6 Días, es incompatible con la intención de la Resolución 242 de Consejo de Seguridad, que contempla algunos cambios territoriales.

Los nuevos límites de este estado palestino incluiría el lugar más sagrado del judaísmo, el Muro de los Lamentos. También incluiría las vías de acceso a la Universidad Hebrea, que Jordania utilizó para cerrar esta gran institución de enseñanza, fundada por los judíos hace casi 100 años. El nuevo estado palestino incorporaría también el Barrio Judío de Jerusalem, en el que judíos han vivido durante 3000 años, a excepción de los períodos de tiempo durante los cuales fueron expulsados ??por la fuerza.

Se contempla, por supuesto, que Israel recupere estas áreas como parte de un intercambio de tierras con los palestinos. Pero no hay certeza de que los palestinos estarían de acuerdo en un intercambio de tierras razonable. Los líderes palestinos ya han dicho que mantendrán como rehenes estos importantes y sagrados sitios para exigencias poco razonables. Por ejemplo, el Muro de los Lamentos cubre sólo unas pocas hectáreas, pero el liderazgo palestino ha indicado que estas hectáreas son de las más valiosas del mundo, y para que Israel las recupere, tendría que entregar miles de hectáreas. Lo mismo podría decirse del camino de acceso a la Universidad Hebrea y el Barrio Judío.

Cuando Jordania controlaba estas áreas, el gobierno jordano las hizo Judenrein los judíos no podían rezar en el Muro de los Lamentos, visitar el Barrio Judío o tener acceso a la Universidad Hebrea. No hay ninguna razón para creer que un estado palestino trataría a los judíos de forma diferente, si tuviera el control sobre estas áreas.

Una Palestina de Apartheid, islámica, Judenrein, en las fronteras de 1967 es una receta para el desastre. Es por eso que un estado palestino razonable debe ser el resultado de negociaciones con Israel, y no el resultado de una irreflexiva votación en las Naciones Unidas.

Los líderes palestinos e israelíes se encuentran ahora en Nueva York. El Primer Ministro Israelí, Benjamin Netanyahu, se ha ofrecido a sentarse y negociar, sin precondiciones, una paz realista basada en una solución de dos estados. El Presidente Abbas debería aceptar esa oferta, que realmente les dará a los palestinos un estado viable, en lugar de una barata victoria de papel que generará expectativas pero disminuirá las perspectivas de una paz real.

Fuente: Por israel.org

La agenda Palestina en la ONU

Alentar a otra intifada palestina debe ser lo último que alguien quiera.

Por Alan M. Dershowitz

Egipto y Turquía aumentan las tensiones con Israel, la Autoridad Palestina trata de aislar al Estado judío todavía más al exigir que las Naciones Unidas acuerde otorgar reconocimiento a Palestina como un “estado”, sin una paz negociada con Israel. El presidente Mahmoud Abbas describió su libro de jugadas para buscar el reconocimiento de la ONU sin pasar por el paso de la negociación de una solución de dos estados: “Vamos a quejarnos que los palestinos hemos estado bajo la ocupación durante 63 años.”

¿Qué ocurrió exactamente hace 63 años? La ONU recomendó la partición del territorio antes conocido como el mandato británico en dos estados: uno judío y otro árabe. Israel y la mayoría del resto del mundo aceptó el plan de partición, e Israel se declaró como el estado nacional del pueblo judío. Los Estados Unidos, la Unión Soviética y todas las grandes potencias reconocieron esta declaración y la solución de dos estados que representan.

El mundo árabe rechazó por unanimidad el plan de partición de la ONU y la declaración de estadidad por parte de Israel. La población árabe dentro de Israel y en la zona reservada para un Estado árabe unido a las naciones árabes circundantes tomaron las armas, como respuesta.

En la defensa de su derecho a existir, Israel perdió el 1% de su población, muchos de los cuales eran civiles ó sobrevivientes del Holocausto. Sin embargo, el actual liderazgo palestino insiste en llamar a las heridas auto-infligidas causada por el rechazo de una solución de dos estados la “Nakba”, que significa la catástrofe.

Al afirmar que los palestinos ” se encuentra bajo ocupación durante 63 años” (a diferencia de los 44 años desde que los estados árabes atacaron a Israel en 1967 y que Israel ocupó algunas tierras de las naciones invasoras), el presidente palestino está tratando de retrasar el reloj a una época anterior al establecimiento de Israel como un Estado basado en la propuesta de la ONU de dos estados. En otras palabras, la búsqueda de reconocimiento por parte de la ONU de Palestina como un Estado, sobre la base de la denuncia del Sr. Abbas de que los palestinos han estado bajo la ocupación durante 63 años, es un intento de deshacer la obra antigua de la ONU que dio lugar a estadidad de Israel hace 63 años.

La denuncia del Sr. Abbas de la ocupación también explica por qué es tan inflexible en su negativa a reconocer a Israel como el estado nacional del pueblo judío. Todos los Estados árabes oficialmente son estados musulmanes y, sin embargo, como en 1948, ninguno de ellos está dispuesto a aceptar la existencia permanente de un estado para el pueblo judío en el Medio Oriente. Sin duda alguna, incluida la Autoridad Palestina, no están dispuestos a reconocer públicamente a Israel como un Estado, siempre y cuando el llamado derecho de retorno sigue siendo de cuatro millones de los llamados refugiados que, si iban a regresar en masa, Israel pronto se convertiría en otro estado árabe.

 Mahmoud Abbas es generalmente un hombre razonable, y muchas de las cosas que ha dicho recientemente sobre la necesidad de la solución de dos estados también son razonables. Pero habla con un doble discurso: una para el consumo de la comunidad internacional y el otro para el consumo de la calle palestina. Su denuncia de una ocupación de 63 años está claramente diseñado para señalar a sus electores que no va a renunciar a la meta de convertir a Israel en un estado palestino.

 Si la Asamblea General reconoce a Palestina como un Estado sin la necesidad de negociar con Israel, que, en efecto, estará socavando muchas de sus propias resoluciones anteriores, así como numerosos acuerdos bilaterales alcanzados entre Israel y la Autoridad Palestina. Tal reconocimiento son un retroceso de las perspectivas de una resolución pacífica y negociada, que a su vez fomentan el uso de la violencia de los palestinos frustrados que no ganarán nada en concreto de esta acción hueca en la ONU, de la cual se espera mucho.

Vimos lo que sucedió cuando el pueblo palestino estuvo cerca de lograr estadidad en 2000-’01 -una posibilidad que fue destrozado por el rechazo de Yasser Arafat del plan de paz de Clinton y Barak-. El rechazo de Arafat, que incluso el embajador saudita en los EE.UU. para ese momento, Bandar bin Sultan, más tarde lo llamo un “crimen” contra el pueblo palestino, dio lugar a una insurrección sangrienta conocida como la intifada de los palestinos, en la que miles de palestinos e israelíes fueron asesinados. La ONU será responsable de cualquier derramamiento de sangre resultante si alimenta las llamas de la violencia, elevando las expectativas palestinas al tiempo que reduce las perspectivas de una paz negociada.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha instado a los palestinos a regresar de inmediato a la mesa de negociaciones sin condiciones previas. No hay ningún inconveniente en hacerlo, ya que todo sería entonces sobre la mesa de negociación, incluyendo las fronteras, el derecho al retorno, el reconocimiento de Israel como el Estado-nación del pueblo judío, los asentamientos y cualquier otra cosa que los palestinos buscan como parte de una solución negociada la propuesta de la ONU de dos estados de paz.

El trabajo de la ONU es promover la paz, no retrasarlo. Así que en lugar desalentar las negociaciones con el reconocimiento prometido, la ONU debe exigir que la dirección palestina y el gobierno israelí comiencen inmediatamente las negociaciones sin condiciones previas. Eso sería un paso positivo.

Traducido al Español por @HasbaraEsp

¿El Terrorismo Contra Israel, Realmente, Está Más Justificado Que el Terrorismo Contra Noruega?

Alan M. Dershowitz

En una reciente entrevista, el embajador de Noruega en Israel ha sugerido que el terrorismo de Hamas contra Israel está más justificado que el reciente ataque terrorista contra Noruega. Su razonamiento es que, “Nosotros los noruegos consideramos que la ocupación es la causa del terrorismo contra Israel”. En otras palabras, el terrorismo contra ciudadanos israelíes es culpa de Israel. El terrorismo contra Noruega, en cambio, se basó en “una ideología que dice que Noruega, particularmente el Partido Laborista, es anterior a la cultura noruega”. Es difícil imaginar que hubiera hecho una declaración tan provocadora sin la expresa aprobación por parte del gobierno noruego.

No puedo recordar muchos otros ejemplos de tantos absurdos comprimidos en una entrevista tan corta. En primer lugar, el terrorismo contra Israel comenzó mucho antes de que existiera alguna “ocupación”. El primer ataque terrorista importante en contra de judíos, que habían vivido por mucho tiempo en Jerusalem y Hebron, comenzó en 1929, cuando el líder del pueblo palestino, el Gran Mufti de Jerusalem, ordenó un ataque terrorista por motivos religiosos que mató a cientos de religiosos judíos, muchos de ellos ancianos y algunos bastante jóvenes. El terrorismo contra los judíos continuó a través de la década de 1930. Una vez que Israel se estableció como estado, pero mucho antes de que capturara la Margen Occidental, el terrorismo se convirtió en el principal medio para atacar a Israel a través de las fronteras jordana, egipcia y libanesa. Si la ocupación es la causa del terrorismo contra Israel, ¿Cuál fue la causa de todo el terrorismo que precedió a cualquier ocupación?

No me sorprendió escuchar tanta intolerancia ahistórica por parte de un embajador noruego. Noruega, hoy en día, es el país más antisemita y más anti-Israel de Europa. Lo sé, porque he experimentado ambos, a nivel personal, durante una reciente visita y un recorrido por las universidades. Ninguna universidad me invitaría a dar una conferencia, a menos que prometiera no hablar de Israel. Noruega prohíbe la matanza ritual judía, pero no la matanza ritual islámica. Sus líderes políticos y académicos, abiertamente, hacen declaraciones que cruzan la línea, desde el anti-sionismo hasta el antisemitismo, como cuando el Ministro de Relaciones Exteriores de Noruega condenó a Barak Obama por nombrar a un judío como su Jefe de Gabinete. Ningún otro líder europeo haría una tal declaración y se saldría con la suya. En Noruega, esta intolerante declaración fue elogiada, como lo fueron declaraciones similares hechas por un destacado académico.

El día anterior al tiroteo, el mismo campamento que fue atacado por el terrorista solitario, estaba involucrado en una orgía de odio anti Israel. Sin embargo, nunca diría que fue el antisemitismo de Noruega el que “causó” el horrible acto de terrorismo contra jóvenes noruegos.

Las causas del terrorismo son múltiples pero, en el fondo, tienen una causa común: concretamente, una creencia de que la violencia es la respuesta adecuada a las políticas con las que los terroristas no están de acuerdo. La otra causa común es que el terrorismo ha sido, a menudo, recompensado. Noruega, por ejemplo, repetidamente recompensó al terrorismo palestino contra Israel, mientras castigó a Israel por sus esfuerzos para proteger a sus civiles. Mientras que pretende condenar todos los actos terroristas, el gobierno noruego ha buscado justificar el terrorismo palestino diciendo que tiene una causa legítima. Esto, claramente, es una invitación a continuar con el terrorismo.

Es importante que el mundo no premie nunca al terrorismo, apoyando las políticas de aquellos que lo usan como una alternativa al discurso de la razón, de la solución diplomática o del compromiso político.

No conozco ninguna persona razonable que haya tratado de justificar los ataques terroristas contra Noruega. Sin embargo, hay muchos noruegos que, no sólo justifican los ataques terroristas contra Israel, sino que los elogian, los apoyan, ayudan a financiarlos y los legitiman.

El mundo debe unirse para condenar y castigar a todos los ataques terroristas contra civiles inocentes, sin importar el motivo o la supuesta causa del terrorismo. Noruega, como nación, ha fracasado en hacer esto. Quiere que todos condenen el atentado terrorista contra sus civiles, y todos deberíamos hacerlo, pero se niega a vivir según una única norma

Nada bueno proviene del terrorismo, así que no se espere que los noruegos aprendan ninguna lección de su propia victimización. Como el embajador lo dejó en claro en su ignorante entrevista, “aquellos de nosotros que creemos que [la ocupación es la causa del terrorismo contra Israel] no vamos a cambiar de opinión a causa del ataque en Oslo”.

En otras palabras, persistirán en su punto de vista intolerante, que Israel es la causa del terrorismo dirigido contra él, y que si Israel pusiera fin a la ocupación (como ofreció hacerlo en el período 2000-2001 y nuevamente en 2007), el terrorismo terminará. Incluso Hamas, al que Noruega apoya de muchas maneras, ha dejado en claro que no pondrá fin a su terrorismo mientras Israel siga existiendo. Hamas cree que la existencia misma de Israel es la causa del terrorismo en su contra. Eso suena muy parecido a los desvaríos del hombre que se involucró en el acto de terrorismo contra Noruega

Ha pasado suficiente tiempo como para que los noruegos hagan un profundo examen de conciencia acerca de su sórdida historia de complicidad con todas las formas de intolerancia, que van desde los nazis antisemitas hasta Hamas antisemita. Parece haber un hilo común.