Miembros de las Naciones Unidas

¿Como se convierte un país en miembro de las Naciones Unidas?

 

La Carta de las Naciones Unidas estipula que «podrán ser Miembros todos los Estados amantes de la paz que acepten las obligaciones consignadas en esta Carta, y que, a juicio de la Organización, estén capacitados para cumplir dichas obligaciones y se hallen dispuestos a hacerlo». Los Estados son admitidos como miembros de las Naciones Unidas por decisión de la Asamblea General y por recomendación del Consejo de Seguridad.

¿Cómo obtiene un nuevo Estado o Gobierno el reconocimiento de las Naciones Unidas?

 

El reconocimiento de un nuevo Estado o Gobierno es un acto exclusivamente atribuido a otros Estados y Gobiernos. Generalmente implica la disposición a establecer relaciones diplomáticas. Las Naciones Unidas no son un Estado ni un Gobierno, y por lo tanto, no tienen la autoridad para reconocer un Estado o Gobierno. Como organización de Estados independientes, puede admitir nuevos Estados como miembros o aceptar las credenciales de los representantes de un nuevo gobierno.

Según la Carta de las Naciones Unidas, «podrán ser Miembros de las Naciones Unidas todos los demás Estados amantes de la paz que acepten las obligaciones consignadas en esta Carta, y que, a juicio de la Organización, estén capacitados para cumplir dichas obligaciones y se hallen dispuestos a hacerlo». Los Estados son admitidos como miembros de las Naciones Unidas por decisión de la Asamblea General y por recomendación del Consejo de Seguridad. El procedimiento es el siguiente:

  1. El Estado presenta una solicitud al Secretario General, así como una carta en que declara formalmente que acepta las obligaciones enumeradas en la Carta de las Naciones Unidas.
  2. El Consejo de Seguridad examina la solicitud. Toda recomendación para admisión debe recibir votos favorables de 9 de los 15 miembros del Consejo, siempre y cuando ninguno de los miembros permanentes -China, los Estados Unidos de América, Francia, la Federación de Rusia, y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte- hayan votado en contra de la solicitud.
  3. Si el Consejo recomienda la admisión, ésta es presentada ante la Asamblea General para su examen. Para la admisión de un nuevo Estado es necesaria una mayoría votante de dos tercios dentro de la Asamblea.
  4. La condición de miembro se hace efectiva en la fecha en que se aprueba la resolución de admisión.

En cada período de sesiones, la Asamblea General examina las credenciales de todos los representantes de los Estados Miembros que participan en el período de sesiones. Este examen se lleva a cabo en la Comisión de Verificación de Poderes, compuesta por nueve miembros, pero puede ocurrir en otros momentos; se puede plantear la cuestión de si un representante ha sido acreditado por el Gobierno que está en el poder. Esta cuestión se decide en última instancia por una mayoría de votos en la Asamblea. Cabe mencionar que los cambios normales de gobierno, por ejemplo mediante elecciones democráticas, no plantean problemas con respecto a las credenciales de los representantes del Estado de que se trate.

Fuente: ONU

La Revolución y Nosotros

LA REVOLUCIÓN Y NOSOTROS

Ron Ben Yishai, ynet.com 24.02.11

Las olas de levantamientos, que se extienden por Medio Oriente, no terminan y, por el momento, no es posible evaluar derivaciones sobre Israel y la región. Se puede determinar, ahora, que el Islam extremo será el principal ganador del caos generado. Los movimientos islámicos constituyen el principal factor organizado, en la mayor parte de los países cuyos regímenes se mueven, aprovechando la crisis para acumular fuerza e influencia política. Así ocurre en Egipto, Líbano, Túnez y Argelia y, quizás, también en Jordania.

En Egipto, Túnez y Argelia, conviven corrientes políticas laicas muy fuertes, apoyadas por el ejército y otras fuerzas de seguridad y son capaces, en el corto plazo, de evitar el control total de los islámicos en el país. Pero, si los movimientos islámicos, Los Hermanos Musulmanes en Egipto por ejemplo, continúan actuando con cuidado – a fin de ampliar su base de apoyo- y no exigen, arbitrariamente, el establecimiento de una nación de ley musulmana, conseguirán su objetivo. Esas evidencias amenazan con romper, aunque no de inmediato, nuestros acuerdos de paz con Egipto y Jordania, y lo que es no menos preocupante quebrar la disposición de esos países a continuar la cooperación en seguridad y las relaciones comerciales con nosotros. Fuentes islámicas de Egipto, y no sólo ellas, exigen “revisar” los ítems en el acuerdo de paz evitando el ingreso de significativas fuerzas del ejército egipcio a Sinaí y el convenio de suministro de gas a Israel.

Otro elemento islámico, que aprovechó a su favor el incidente, son los grupos terroristas de la Jihad Mundial. El debilitamiento del control en la seguridad de Egipto en Sinaí, a partir de los levantamientos, el derrumbe del gobierno central en Yemen y la prevista retirada de Estados Unidos de Irak, posibilitan a esos grupos, que actúan con el apoyo de Al Qaeda, reforzar sus sostenes; enrolar activistas, re-armarse y actuar con libertad contra una variedad de destinos en toda la región. Todo ello a la hora que surge un quiebre, importante, en la capacidad de Occidente por luchar contra ellos en cooperación con regímenes locales. Si cae el régimen en Jordania, es previsible un acontecimiento parecido allí. Teherán inspecciona el terreno Un tercer factor islámico, que intentará pescar en las aguas revueltas, es el régimen de los Ayatolá en Irán. Ese país pone en funcionamiento, desde ahora y con fuerza, a los chiítas aliados en Irak. Más que suponer que aumentará su ayuda a los rebeldes chiítas al norte de Yemen, estrechará sus vínculos con Hezbollah en Líbano e intentará unirlos a los chiítas en Bahrein y, quizás, en otros países árabes a orillas de las costas del Golfo Pérsico en los que vive una gran minoría chiíta, como por ejemplo, Arabia Saudita. Esa actividad iraní tiene tres destinos: amenazar a los regímenes pro-occidentales para que interrumpan la cooperación de seguridad y política con Estados Unidos, amenazar las fuentes de petróleo de Occidente si intenta actuar contra el programa nuclear de Irán y aumentar el predominio de los chiítas en toda la región, lo que promoverá la aspiración de Irán a la hegemonía religiosa y política en Medio Oriente.

El envío de dos barcos de la flota iraní, por primera vez desde 1979, por el Canal de Suez, es un ejemplo de la línea de acción iraní destinada a promover esos objetivos. El aprovechamiento de Irán de la caída del régimen de Mubarak en Egipto para conseguir el permiso de tránsito por el Canal, no modifica el equilibrio de fuerzas en la cuenca del Mar Mediterráneo a favor de Teherán o sus aliados de la región. Tampoco genera una amenaza directa hacia Israel pero representa un avance que le abre a Irán nuevas opciones de acción. Así, los Ayatolá pueden manejar, con rapidez y en secreto, desconociendo las sanciones de Naciones Unidas, sensibles componentes para equipamiento militar y a expertos de Irán y Siria, Líbano y Gaza. Los barcos militares pueden servir como base de escucha, espionaje y advertencia al servicio de Irán y sus aliados si navegan frente a las costas de Israel. También pueden participar en flotas que intenten romper el bloqueo a Gaza. Todo podrá ser frustrado si, esos barcos, pasan por una inspección antes del paso por el Canal o después de ingresar al Mar Mediterráneo. La sexta flota americana se propone concretar inspecciones e, incluso, frenar la flota militar a manos de otra expedición y ello puede conducir a una conflagración o medidas de respuesta iraníes contra la 5° Flota de Estados Unidos amarrada en el Golfo. Los bienes israelíes y el petróleo iraní El despegue de los precios del petróleo – del que somos testigos en estos días como consecuencia de la inestabilidad en el Medio Oriente- juega a favor de Irán; mejora su capacidad de enfrentar económicamente las sanciones que le impuso el Consejo de Seguridad y financiar beneficios para su población a fin de calmar la protesta popular.

El despegue de los precios del petróleo y las complicaciones en su suministro desde Libia amenazan, también, la recuperación del mercado mundial de la última crisis económica y permiten, a Irán, utilizar el arma del petróleo a fin de amenazar a Occidente si es atacada. Cabe suponer que, las probabilidades de utilizar la opción militar contra Irán, ya sea por el lado de Israel o Estados Unidos, disminuyó muchos en los últimos días. Todas esas son malas noticias desde el punto de vista Jerusalén o Washington. El despacho del primer Ministro, intenta sostener que los incidentes en la región destacan la presencia de Israel como “Isla de estabilidad y democracia en la región” y, por ello, es un bien estratégico y valioso para Occidente. Pero cabe la duda si, en ese supuesto, hay para mejorar, en algo, nuestra situación política y de seguridad. El uso de ese mantra puede, quizás, encontrar oído atento en la opinión pública de Estados Unidos y en ciertos sectores de la opinión pública en Europa, pero su sentido práctico es bastante frágil. Si el gobierno de Obama y Occidente deciden actuar, militarmente, contra el Programa Nuclear de Irán, deberán buscar, para sí, nuevas bases de acción contra el terror jihadí en Medio Oriente y cabe la duda si lo harán desde el territorio de Israel. Un hecho de esas características levantará, en Estados Unidos, la calle musulmana y aumentará el apoyo interno en los países árabes por parte de los factores islamistas y el sustento de la calle iraní en los Ayatolá.

Todo lo conseguido por Washington y sus aliados europeos – cuando apoyaron las exigencias de levantamientos y el uso de la no- violencia contra ellos- puede bajar al precipicio como consecuencia de la estrecha cooperación con Israel. La reacción en la calle árabe al veto impuesto, por el gobierno de Obama en el Consejo de Seguridad, a la propuesta de resolución de condena a los asentamientos, es testimonio de ello. Cabe la duda si Occidente ve en la situación actual, de las relaciones con nosotros, un bien estratégico y político. Lo contrario es lo correcto. El conflicto palestino-israelí genera, en éste momento, un potencial explosivo, capaz de encender, aún más, la calle árabe y poner en peligro a los regímenes pro-árabes que aún se mantienen. No hay fuerza de hablar, ni fuerza de renunciar La conflagración en Gaza, por ejemplo, que obligue a la amplia acción militar al estilo de Plomo Fundido, puede arrojar a las calles de Amán y Ramallah a masas en ira que amenazarán a los regímenes si no actúan de modo práctico y determinante contra Israel. Los palestinos en Cisjordania y quizás también los árabes de Israel pueden intentar obtener concesiones por medio de los masivos “días de ira”, que gozarán del respaldo de los medios árabes e internacionales y de la opinión pública europea. Ese tipo de “días de ira”, aprendimos de la experiencia, pueden desembocar en una Tercera Intifada aún si los organizadores no se lo propusieran realmente. Entonces, ¿Qué se hace? Algunos proponen neutralizar el potencial explosivo del conflicto israelí-palestino, por medio de la negociación sobre el acuerdo de paz.

Es bastante claro que, en el próximo tiempo, son vanas las probabilidades de alcanzarlo así o, por lo menos, un acuerdo intermedio político, con los palestinos o Siria. Israel no puede permitirse a sí misma renunciar a los beneficios defensivos que le proporcionan el Valle del Jordán o las Alturas del Golán. Pero si Netanyahu ( o su gobierno) revelan disposición de responder a las exigencias palestinas y sirias y si Israel acepta el congelamiento adicional de asentamientos en Cisjordania, cabe dudar si Abu Mazen y Bashar Asad, serán capaces – en el clima del momento en la calle árabe- de llegar a un acuerdo que los comprometa a concesiones dolorosas en temas sensibles. El temor a la respuesta de Hamas, Los Hermanos Musulmanes en Siria y la calle, los alertará. Eso será cierto si Estados Unidos es quien presente, a las partes, un gesto propio para el acuerdo o intentará forzarlo por medio de palos y zanahorias. Mubarak no estará allí para apoyar o mediar ni tampoco el Rey Abdullah se apurará a ayudar. La posición de Estados Unidos, debilitado en la región y el temor por la respuesta de los islámicos, neutralizará a los gobernantes árabes que, en el pasado, apoyaron la iniciativa de paz árabe. Desarrollar el gas, pensar en los misiles La situación actual no le deja Israel alternativa sino tomar por propia iniciativa, medidas que minimicen el peligro de conflagración. Otras reconocidas facilidades del movimiento palestino en Cisjordania, serán medidas significativas de mejora en la situación económica de los palestinos en Judea y Samaria y Gaza. Y lo más importante; evitar los pasos considerados -ante los palestinos y árabes- como provocación. Mayor cautela en todo lo vinculado a Jerusalén y la Casa del Templo es ahora la orden del día.

Se debe intentar reanudar la negociación con Abu Mazen y su gente aunque, las probabilidades de llegar a resultados, no sean muchas. Incluso un diálogo indirecto puede desarmar tensiones hasta que la situación calme en algunos meses. Al mismo tiempo, Israel debe evaluar en el largo plazo dos áreas:

1. La económica: significativa rapidez en el desarrollo de fuentes de gas que fueron descubiertas frente a las costas de Israel que nos permitirá reemplazar el gas egipcio e impedir el efecto negativo sobre la economía de Israel, como consecuencia del aumento en el precio del petróleo.

2. En lo relativo a la seguridad: en el plazo inmediato, la amenaza de misiles y cohetes fue, y será, la principal amenaza sobre Israel y hasta puede empeorar si Egipto y Jordania se retiran del acuerdo de paz con nosotros o lo ingresan al congelamiento profundo y si Irán se equipa de armas nucleares.

Por ello, la principal conclusión de la situación generada es que es preferible apurar el desarrollo de los diferentes sistemas de lanzamiento de misiles y cohetes y su equipamiento. El segundo tema, en el que se requerirá una reforma integral y un cambio en el orden de prioridades, es la cobertura de inteligencia. Las FDI requerirán evaluar nuevamente sus posibilidades de ataque terrestre, aéreo y naval y prepararse para nuevos entrenamientos que quizás se desarrollen en el futuro, en algunos años.

Todo ello necesita de una reconocida inversión económica hasta el año 2015. La falta de certeza por un lado y la falta de recursos por el otro exhiben, ante los planificadores de las FDI y del sistema de seguridad, un desafío que el Estado de Israel no conoció jamás en el área de la seguridad desde la Guerra de Iom Hakipurim.

Bravo, Canadá

Bravo, Canadá
Un desaire de la ONU es una insignia de honor

Editorial del Wall Street Journal – 20/10/10

La vida debe ser muy buena en Canadá, o al menos aburrida, a juzgar por la reacción interna a su intento fallido la semana pasada de obtener un asiento temporal en el Consejo de Seguridad de la ONU. Escuche los alaridos en los periódicos al norte de la frontera: “Una nación tambaleando”, “humillante derrota”, “un reproche de la comunidad global”, “mancha nuestra reputación”, “una bofetada en la cara.”

Nosotros decimos: así se hace. Canadá parece haber molestado a un número suficiente de dictadores del Tercer Mundo y de progresistas occidentales piadosos para quedar corta en una votación secreta de la Asamblea General. Los pecados cometidos por el gobierno conservador de Stephen Harper incluyen el apoyo incondicional a Israel, el escepticismo sobre límites máximos a los sistemas de comercio atenientes al calentamiento global, y el compromiso de larga data en la guerra de Afganistán. Los estadounidenses serían afortunados de tener un líder tan firme en estas cuestiones como el Primer Ministro de Canadá.

Los Emiratos Árabes Unidos se atribuyeron el mérito de conformar un grupo anti-canadiense de países árabes e islámicos para detener la puja por la presidencia de dos años de rotación. Los Emiratos Árabes Unidos también tienen un pleito con Ottawa sobre los derechos de aterrizaje para Emirates Airlines que va a Canadá.

El papel de los EE.UU. aquí también es vergonzoso –para los Estados Unidos. Richard Grenell, un ex alto funcionario de la Misión estadounidense ante la ONU, informó la semana pasada que la embajadora de los Estados Unidos ante la ONU, Susan Rice, se negó a hacer campaña en nombre de Canadá. La política del Sr. Harper no es la de ella, y el líder de la oposición de izquierda y alma política gemela de Obama, Michael Ignatieff, declaró el mes pasado que Canadá bajo el gobierno del Sr. Harper no merecía recibir uno de los diez asientos temporales.

El carácter absurdo de todo esto se hizo evidente cuando los canadienses perdieron ante Portugal, que -con el debido respeto a la memoria de Vasco de Gama- no es un titán global. Este país ibérico pequeño y económicamente cojo  ahora gozará de uno de los dos asientos temporales reservados para los estados del bloque occidental. Alemania se aseguró el otro.

Canadá, por el contrario, es un país serio. Bajo el liderazgo del Sr. Harper, Canadá ha evitado lo peor de la recesión mundial y salió con un sistema bancario vibrante y una moneda fuerte (en la actualidad cerca de la paridad con el dólar americano). La valentía de sus soldados en Afganistán, y en otras misiones, es testimonio de una nación que honra sus compromisos. Los canadienses deben vestir el desaire de las Naciones Unidas como una insignia de honor.