Los Sauditas se hartaron de los Hermanos Musulmanes

El año después del 11 de septiembre, la tendencia – por parte de los sauditas hacia Los Hermanos Musulmanes- vivió una transformación significativa. En 2002, dijo el Ministro del Interior saudita, el Príncipe Naif Ben Abdulaziz: “Brindamos demasiada ayuda a esa organización. Los Hermanos Musulmanes destruyeron al mundo árabe”. La observación tiene su importancia. Éste año, Naif progreso en la jerarquía de la Casa Real saudita convirtiéndose en Príncipe de la Corte. Considerando que el Rey Abdullah cuenta con 87 años, cabe suponer que, Naif, será el próximo rey.

La oposición de Naif hacia Los Hermanos Musulmanes sorprende a la luz de la historia saudita. En los años 60, el Presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser reprimió a Los Hermanos. En esos mismos años, los activistas de la organización obtuvieron refugio político en Arabia Saudita. Los sauditas pretendían, entonces, reforzar a la organización en contra del Nasserismo y el Socialismo árabe.

Los sauditas proporcionaron a Los Hermanos Musulmanes que llegaron a su país empleo en el sistema educativo y en sus organizaciones de beneficencia global que, por su intermedio, difundían la biblia Bahbai del Islam sunnita. Mohammed Kotob de Egipto, hermano de Saib Kotob y Abdullah Azzam de “Los Hermanos” en Jordania, se convirtieron en profesores universitarios del rey en Jada. Entre sus estudiantes figuraba el alumno saudita de nombre Bin Laden.

Entre las organizaciones de beneficencia sobresalía la Asamblea Mundial de la Juventud Musulmana, WAMY, que fuera canal de traspaso de dinero a Hamas.

 Recientemente, aumentaron las señales que, la alianza entre el gobierno saudita y Los Hermanos Musulmanes, llegó a su fin. La CNN informó que, Arabia Saudita, investiga cómo la organización usa el dinero de los contribuyentes sauditas a fin de ampliar su influencia en los países islámicos. Los sauditas revisaron cómo el dinero de la organización hace su ruta hacia Al Qaeda.

Al Jihat informó, éste año, que el Ministro de Educación saudita sacó de las bibliotecas los libros extremistas de Hassan Al Banna, fundador de Los Hermanos Musulmanes y de Saib Kotob. El hecho constituye una indicación más de que los sauditas pretenden aislarse de sus aliados anteriores.

De hecho, los sauditas vincularon la ideología de Los Hermanos y el fortalecimiento del terrorismo mundial. En 2005, el ex Ministro de Educación de Kuwait sostuvo, en el diario Al Wast, de propiedad saudita, que los fundadores de la mayoría de las organizaciones terroristas modernas en Medio Oriente, provienen del núcleo de Los Hermanos Musulmanes. Dos años después, escribió otro periodista en el diario, “Hasta el día de hoy la organización no trajo nada, salvo fanatismo, divisiones y extremismo y, en algunas ocasiones, derramamiento de sangre y asesinatos”.

Recientemente, un periodista saudita denominó a la Primavera Árabe como Primavera de Los Hermanos Musulmanes. Considerando la tendencia saudita de los últimos años, no sorprende que lideren la posición de las revueltas. Dieron refugio al presidente depuesto de Túnez, Ben Alí, y se niegan a encerrarlo. Los sauditas entienden los esfuerzos iraníes por ampliar su influencia sobre Los Hermanoss.

La respuesta saudita ejemplifica que no es posible incluir las tendencias islámicas en el mundo árabe de hoy bajo una sola definición y que, bajo el terreno, existe una rivalidad y diferencias profundas entre Los Hermanos Musulmanes y los países que, hasta el presente, fueron sus aliados más cercanos.

Por: Dore Gold

Fuente: Jerusalem Center for Public Affairs

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¿Qué “primavera árabe”?

En materia de revoluciones y democracia, el Oriente Medio continúa en dirección negativa. No volveré sobre varios de mis artículos y escritos publicados desde febrero del presente año, pero absolutamente todos los análisis que proyecte desde aquellos días, han ocurrido. Hoy, a casi 10 meses del inicio de las revueltas <que jamás dieron la talla de revoluciones genuinas> continuamos viendo a las turbas quemar edificios en Egipto y al ejército asesinando civiles sin ningún freno y control. Al mismo tiempo, el presidente Obama continúa citando a Martin Luther King: “Es algo en el alma de las personas que clama por la libertad”, ha dicho en reiteradas oportunidades; mientras que los líderes de esta “transformación democrática” leen Mein Kampf.

 Para cualquier persona con la más mínima comprensión de las crisis sociopolíticas del mundo árabe, está claro que la “primavera revolucionaria” se transformo en un invierno de muerte y destrucción que ha dejado moribunda la pretendida reactivación de sus sociedades, y todo lo que trajo ha sido inestabilidad, mas odio y enfrentamientos entre sunitas y chiítas, asesinatos, matanzas y persecuciones, violencia sectaria y descomunales problemas con los refugiados.

La mal llamada primavera árabe ofrece todo tipo de endemias, excepto democracia real y libertad como se las conoce en Occidente. Lo que se observa, en todo caso, es un “despertar islamista y radical” en el que los únicos ganadores están siendo la Hermandad musulmana, Hamas, Hezbollah e Irán. No darse cuenta que la Hermandad y sus socios yihadistas están preparándose para tomar el control absoluto del poder en Egipto, Libia, Jordania, Yemen, Siria, Túnez y la Ribera Occidental en el momento que se les presente la oportunidad, es un error que no comete un estudiante de primer año en Ciencias Políticas.

Si el presidente Obama y la dirigencia europea están bajo la ilusión que la democracia liberal emergerá de este caos, sólo necesitan consultar la más reciente encuesta de Gallup en Egipto donde el 77% de los egipcios dicen que la Sharia debe ser la única fuente de legislación en su país, algo que con las próximas elecciones programadas, coloca cercano el día de instaurarla, y ello lo muestra la limpieza étnica de los coptos, la hostilidad a la influencia occidental, la obligatoriedad del velo para las mujeres, los asesinatos de honor que aterrorizan a la población femenina, la ejecución de homosexuales, prostitutas y apostatas; al igual que la prohibición de música y de bailes entre hombres y mujeres en lugares públicos; sin dejar de mencionar la voladura de tiendas de licores, la prohibición de la libertad de conciencia para periodistas, escritores, artistas y el castigo a los medios de comunicación que ejercen el derecho a estar en desacuerdo con el Gobierno o la practica de cualquier otra religión que no sea el Islam (testigo de ello son los recientes ataques a las iglesias de los cristianos coptos en Egipto, el tratamiento a los hindúes en Pakistán y lo propio con los Baháis en Irán).

Cuando los Occidentales hablan de democracia, asumen infantilmente que significa lo mismo para todos los pueblos en todas partes. La hipótesis que sostienen es que el poder popular va de la mano con la libertad y la tolerancia a las minorías en todos los lugares del mundo. Ello es una suposición no fundada sobre historia o razón alguna para ser aplicada en el mundo árabe y configura nada más que una mera ilusión. En Oriente Medio y otras partes del mundo donde capea el integrismo, la ideología yihadista funciona como una tiranía democrática siempre y cuando la mayoría este de acuerdo con sus premisas básicas. Pero si el resto de la población no está de acuerdo, especialmente las minorías no islámicas, entonces estas minorías serán reprimidas, perseguidas y llenaran las cárceles del país que sea. La idea del respeto a los derechos y su preservación por parte del gobierno, no está ni estuvo jamás presente en aquella región del planeta y no podrá ser injertada artificialmente.

Los gobiernos occidentales derivan de la cultura del propio Occidente, pero esto jamás será así en la visión doctrinaria de los regimenes yihadistas. Cualquier país que no educa y enseña a leer libremente a sus niños o que no puede emplear graduados de sus propias Universidades, difícilmente tendrá futuro de modernidad y su destino solo será aspirar a ser un Estado fallido. Y no son pocos los países del Oriente Medio que están cercanos a esa categorización. Por tanto, el presidente Obama y los presidentes europeos no deberían esperar democracia, pluralismo y respeto por los derechos civiles, políticos y humanos de “la mal llamada primavera árabe”. Todo lo visto y oído al respecto de parte de la dirigencia euro-estadounidense no se trata más que de una fantasía poco convincente.

La única posibilidad que EE.UU. y Europa tienen en la región para alcanzar el éxito, es buscar “un nuevo comienzo” adoptando políticas realistas y equilibradas (es decir, una política menos pro-islamista) que definan realmente que y quienes son los enemigos de la democracia y de la forma de vida Occidental. Afortunadamente, el pueblo estadounidense y varias sociedades europeas ya están viéndolo así, por lo que es de esperar que sus dirigentes políticos actúen en consecuencia.

George Chaya

Editorial: El discurso de Obama ¿Fue una sorpresa para el liderazgo Palestino?

Barack Obama Sep-2011 ONU

Las expresiones en los rostros atónitos  de los delegados palestinos “al escuchar al Presidente Obama que rechaza rotundamente su lucha por la consagración de Estadidad en las Naciones Unidas en el seno de las naciones unidas fue una prueba de cuan inapropiado era haberse creído su propia propaganda.” Después de años de desequilibrio, en todo este tiempo se suman las innumerables faltas de Israel en sus relaciones con los palestinos que se ha convertido en algo tangible en los medios de comunicación de Occidente, en sus campus, y para sus élites políticas. Los palestinos realmente creían que habían abierto una brecha entre Israel y sus aliados estadounidenses.

Obama, además, es un presidente estadounidense que ha ido más allá de sus predecesores en la defensa de los derechos palestinos y sus aspiraciones, que son abiertamente antagónicos al liderazgo de Israel, y que con frecuencia ha declarado su objetivo de lograr por una vía rápida un Estado palestino. Sin embargo, cuando las tarjetas se redujeron, el presidente Obama demolió años de auto-engaño de los palestinos, cuando fue absolutamente negada su petición de reconocimiento, y añadió que “para los palestinos, los esfuerzos para deslegitimar a Israel terminaran en un fracaso.” El discurso de Obama ha demostrado el apoyo a las necesidades de Israel, al afirmar que el pueblo Judío merece el reconocimiento de sus vecinos en su patria ancestral. Descartando la apuesta palestina en las naciones unidas, agregando: “La paz no vendrá a través de declaraciones y resoluciones en la ONU, si fuera tan fácil esto ya hubiese ocurrido hace tiempo”. En tanto, el presidente Obama le recordó a los líderes palestinos una serie de hechos básicos que el liderazgo palestino parece haber olvidado. En primer lugar, hay que recordar que Obama tiene en cuenta las opiniones de los estadounidenses del “hombre de la calle”, y estas opiniones son todavía muy comprensivas con Israel. Con los años, los estadounidenses han llegado a una mejor comprensión de – y una empatía hacia – la situación de los palestinos, pero esto no se ha traducido en un menor apoyo a Israel. Sí, los estadounidenses sienten que los palestinos deben tener su propio estado, pero los estadounidenses no creen que deba producirse a expensas de Israel. Los lazos entre los Estados Unidos e Israel se han convertido en una relación única, compleja y profundamente arraigado en los últimos seis decenios. Las dos naciones comparten valores culturales e identidades históricas, por no hablar de la amplia cooperación militar y política.

Los estadounidenses en general han simpatizado con Israel más que con los palestinos inclusive en la actualidad, Israel sigue gozando de un gran apoyo en la sociedad estadounidense. Ellos pueden tener diferencias sobre ciertas cuestiones de política, incluida la cuestión de los asentamientos, pero estos no son en absoluto las diferencias de división. El presidente Obama sabe que no puede caminar directamente en contra de los deseos expresados ​​por su electorado. A pesar de todo el bombo sobre el “lobby israelí”, las encuestas de opinión nos dicen (y el Presidente) que el estadounidense promedio valora la relación con Israel y va de lado a ella. Por lo tanto, a pesar de que el presidente Obama tiene una posición pro-palestina, un presidente de Estados Unidos no puede hacer un movimiento en contra de los deseos de su pueblo y actuar en contra de Israel a menos que – y este es el gran “si” – a menos que esté seguro de que esa medida resultase en un acuerdo de paz que el público estadounidense aprobaría.

Esto significa que si el liderazgo palestino e israelí fueran a sentarse con él en Camp David, Obama no tendría ningún problema en inclinarse de forma agresiva contra Israel y exigir concesiones a los palestinos, siempre y cuando pudiese salir después con un acuerdo de paz que luego ondearía frente a los votantes de su país, diciéndoles que ha tenido que tomar medidas severas en contra de su amigo, pero que éstas lleven a un buen resultado. Sin embargo, en las Naciones Unidas, no se obtuvo ningún acuerdo para poder tomar dichas medidas – sólo se pudo ver la humillación cometida en la ONU contra Israel. Si Obama hubiese ido en contra de las inclinaciones a sus votantes “sin ningún tipo de material a favor de Israel, y de Palestina el resultado de esto es que habría pagado un alto precio político.” No menos importante es que hay que recordar los importantes cambios que han ocurrido en el Medio Oriente desde que Obama se mudó a la Casa Blanca. La primavera árabe, es un acontecimiento trascendental, también ha visto un derramamiento de la ira que siente la nación árabe a Israel, y esto ha consternado profundamente al Gobierno de Israel. En este caso, los estadounidenses comparten la preocupación de Israel con sus propios temores de la posible subida de un nuevo Irán. Ahora están más propensos a apoyar las preocupaciones de seguridad de Israel, que a inhibir estas demandas que Israel hace.

Y así llegamos a Nueva York, y vimos el asombro de los palestinos al oír la advertencia del presidente Obama en la asamblea de la ONU en contra de “atajos” para un Estado palestino… Parece, sin embargo, que en su pérdida de leer la realidad, también han olvidado otro hecho concreto: que para la Casa Blanca, su apuesta es vista como una traición y de un intento deliberado de insultar al presidente Obama. Generalmente hay un precio a pagar por tal comportamiento, especialmente en los días inestables de la Primavera Árabe, cuando los EE.UU. no pueden darse el lujo de parecer débil o tonta en el Medio Oriente. En cuanto a los EE.UU. se refiere, los palestinos aceptaron la solución de dos estados desde 1988. En los años posteriores, varios presidentes de Estados Unidos dieron su apoyo personal a las propuestas de paz para finalizar este acuerdo, y vieron de primera mano cómo los palestinos nunca regresaron con respuestas serias a estos movimientos. El ex primer ministro israelí, Ehud Olmert dice que ofreció al presidente palestino, Mahmoud Abbas, un retorno a las fronteras de 1967 y una “solución justa de la tierra, tomando en cuenta el aspecto demográfico”. En una entrevista el año pasado, Olmert dijo que Abbas nunca respondió. También dijo que encontró en Abbas un “un socio justo, el cual se opuso al terror”. Aun así Olmert se pregunto en aquel entonces”¿Qué pasó? Esa es la pregunta de todas las preguntas que me gustaría responder, si pudiera.”

La estrategia de evitar un acuerdo final hasta conseguir mejores condiciones es algo que evidentemente buscan los palestinos, pero al hacer esto hacen ver al presidente de Estados Unidos en ridículo o ingenuo. La medida de evitar negociaciones por completo e ir a la ONU, a los ojos de América, es nada menos que lo mismo a arrojar un zapato en la cara y una puñalada por la espalda al presidente en frente de todo el mundo. El Primer Ministro palestino, Salam Fayyad, vio el peligro y se opuso a la medida de la ONU debido a la posibilidad de represalias estadounidenses, que temía que podría conducir a la una reducción de la asistencia financiera socavando la emergente economía palestina, pero no fue escuchado. El liderazgo palestino ahora espera no aprender una lección dolorosa proveniente del presidente de Estados Unidos, y sufrir las consecuencias de insultar a la única superpotencia del mundo.

Editorial Hasbara en Español

El día después de Palestina

El reconocimiento de la ONU de un Estado palestino, esfuerzo cuestionable internacional para eludir la responsabilidad.

En tres semanas, un Estado palestino soberano sera casi seguro bienvenido a las Naciones Unidas – si no por el Consejo de Seguridad de la ONU entonces como un “Estado no miembro” de la Asamblea General. Celebraciones en todo el mundo en honor a el nuevo Estado palestino, sin duda, se llevarán a cabo. Por desgracia, este festival será en honor a un desarrollo superficial, una ilusión de triunfo. En realidad, el reconocimiento de un Estado palestino en el actual clima político no va a resolver ninguno de los asuntos pendientes del conflicto palestino-israelí, sólo los agravan.

He aquí un recordatorio ominoso: la ONU dariá el reconocimiento de un Estado cuyo gobiernos mantienen una dudosa legitimidad entre su propia población, es criticado por la corrupción y la profunda lucha interna, carece de control sobre las células terroristas que atentan contra los esfuerzos de paz, esta muy mal manejado y es completamente dependiente de la industria israelí. El mundo va a votar para la existencia de un estado el cual debe en gran parte su sustento a las donaciones de la comunidad internacional y las transferencias fiscales israelíes.

El acuerdo de reconciliación entre Fatah y Hamas ha demostrado ser un fracaso y nunca estuvo cerca de ser implementado – y puede que nunca sea. Abbas rechazó recientemente el reconocimiento de Israel como Estado judío. Los recientes ataques terroristas y los ataques con cohetes procedentes de Gaza han demostrado que los grupos terroristas como Hamas poseen un poder político y militar de considerable sobre la Franja de Gaza. La cooperación entre los organismos de seguridad israelí con Fatah han minimizado los atentados provenientes de la Ribera Occidental, a pesar de que no pudo prevenir la masacre de Itamar u otros asesinatos recientes. ¿Son estas señales positivas que apuntan a una nación preparada para ser un Estado?

Cualquier persona que se esfuerza para predecir las consecuencias de la candidatura palestina es imprudente, sin embargo, comentaristas de los medios y los políticos están barajando a través de los escenarios previsibles. A gran escala disturbios, protestas pacíficas, enfrentamientos violentos, y la guerra regional – todo es posible. Los resultados de la Primavera Árabe (o falta de ella) ya nos demostró que el Medio Oriente es volátil, errático e impredecible. Sin embargo, una cosa está clara: el voto no hará nada para favorecer los intereses de los israelíes o palestinos, y sólo puede servir como un momento crítico de división en una época ya menos de estelar de relaciones israelí-palestinas.

Aunque la definición de “estatalidad” por las normas del derecho internacional puede ser problemático, los cuatro criterios principales son: (a) una población permanente, (b) límites definidos, (c) un gobierno eficaz y (d) capacidad de mantener relaciones con otros Estados. La Autoridad Palestina no cumple con al menos dos si no tres, de estos criterios.

Solución Ficticia

Los palestinos merecen libertad, justicia, seguridad y auto-determinación. Sin embargo, un Estado palestino debe ser establecido a través de un acuerdo de paz global y viable. Necesitamos negociaciones que ofrezcan soluciones reales a los problemas difíciles por la que la estadidad esta destinado a aliviar. Por el contrario, la actual apuesta en la ONU busca eludir la responsabilidad de resolver los problemas de gran magnitud internos y externos entre israelíes y palestinos, los problemas deben resolverse antes de otorgar la estadidad a una población que, a partir de ahora, parece muy mal preparados para ello.

Algunos observadores sostienen que el reconocimiento en la ONU obligue a Israel, a finalmente darse cuenta de su presencia en Cisjordania es inaceptable para la comunidad internacional. Sin embargo, las consecuencias reales de tal reconocimiento varían considerablemente dependiendo de a quién se pregunte. Muchos analistas parecen coincidir en que la apuesta actual probablemente no tendrá consecuencias prácticas. Es razonable suponer que el reconocimiento en la ONU provoque enfrentamientos entre los nacionalistas palestinos, los colonos y soldados israelíes.

Por supuesto, la amenaza de un mayor aislamiento internacional y el boicot contra Israel es también razonable, pero el auténtico progreso no vendrá – y nunca será – de la acción unilateral o juegos de poder en este conflicto, sino a través de acuerdos mutuos y negociaciones significativas.

Muchas naciones en todo el mundo quieren lavarse las manos del conflicto árabe-israelí y librarse de un problema que ha sido una fuente de inmensa tensión política y la violencia durante más de cuatro décadas. Sin embargo, la actual apuesta en la ONU no vendrá a lavar la sangre de miles de vidas judías y palestinas que se han perdido en este conflicto, y la solución de la declaratoria un estado ficticio, ciertamente no impide que la sangre vuelva a ser derramada. De hecho, puede alentarlo.

La próxima votación sobre un estado palestino en septiembre es un intento de una solución rápida, otro ejemplo por parte de la comunidad internacional para evadir la responsabilidad e imponer por la fuerza un progreso en un conflicto intratable. Este enfoque será un grave error. Afortunadamente para los países, las consecuencias de ese reconocimiento, probablemente no dará lugar a la violencia, atentados, tiroteos o la pérdida de vidas inocentes en sus respectivos países, como aquí le en nuestra región.

Abbas, Erekat y otros han afirmado que la actual apuesta de la ONU no tiene la intención de aislar a Israel. Sin embargo, a menos que la apuesta en la ONU sea retraída – varios altos dirigentes de la Autoridad Palestina lo han recomendado – los dos países estarán aislados: Israel de la comunidad internacional y Palestina de la realización de sus verdaderas aspiraciones a la soberanía y auto-determinación.

El derecho al retorno, Jerusalén, las fronteras reconocidas, la libertad de movimiento, los asentamientos, la seguridad y cuestiones de comercio sólo se resolverá mediante negociaciones, no el reconocimiento simbólico o declaraciones vacías. Siempre y cuando ambas partes son culpables de negarse a volver a la mesa de negociaciones, será en detrimento de todos los que desean ver una salida pacífica a este conflicto.

Por: Avi Yesawich

Traducido al Español por : @HasbaraEsp